El caso de Oliver G. M.

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“Uno de los vértices de mis primeros años de instituto fue cuando -con fascinación reciente por el descubrimiento de las vanguardias- me subí al escenario con un atril y disfrazado de robot, para aspirar bocanadas de helio directamente de una bombona y recitar con voz apitufada uno de mis primeros poemas: “De un hornillo de gas”. A partir de ahí, la rápida transmutación de quinqui de barrio a rapsoda en ciernes se la debo a las miles de horas haciendo campana: Lorca, Kafka y las greguerías entraron en mi vida al mismo tiempo que el futbolín, El Niño Gusano, Galaxie 500, el sexo y los micropuntos.”

Caramelo De un hornillo de gas destierro Himno generacional Ramo_de_pa?ja Teen_Harry

 

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