BeatleManía: Un concierto en la azotea de la casa de muñecas

INFANCIA EN ESCABECHE#1

Oliver García Mancebo presenta el caso de Caterina y Laura B.

Este título hace referencia tanto al icónico último concierto que ofrecieron The Beatles por sorpresa desde la azotea de los estudios de Apple Records a los transeúntes que un buen día de enero de 1969 paseaban por Abbey Road, como al relato sobre la pubertad que rodara Todd Solonz en 1995: Bienvenidos a la casa de muñecas, cuya leyenda apostilla “no todas las niñas quieren jugar con muñecas”. Con esta premisa, rescataremos el curioso caso de dos hermanas oriundas de la capital del Baix Camp.

1. El caso de las hermanas Caterina y Laura B.

Caterina y Laura B. contaban 15 y 11 años de edad respectivamente cuando contrajeron la BeatleManía (1995), transmitida por una sesión fotográfica de la mítica banda, realizada en su día por Don McCullin y llamada “Mad day out”, en la que aparecían rodeados de flores. Dicha sesión se publicó en un suplemento dominical del diario “Avui” con motivo de la publicación del recopilatorio Anthology I (EMI Records, 1995). A partir de ese momento, una fuerte pulsión amorosa propició que convirtieran a los cuatro de Liverpool (a pesar de que Ringo Starr no llegara nunca a despertar la libido de las dos muchachas) en omnipresentes objetos protagonistas de la sublimación de su elaborado mundo de fantasía.
Las hermanas, que apenas salían de casa debido a la sobreprotección materna, a partir del poco material de la banda al que tuvieron acceso (casetes grabados de la radio, un libro de acordes, fotos y pósteres extraídos de revistas, los discos recopilatorios Red 1962-1966 y Blue 1967-1970, entre otros) empezaron a producir compulsivamente una ingente cantidad de material inspirado en el grupo. Pero si bien en un principio se trataba básicamente de reproducir retratos idealizados de John Lennon y Paul McCartney, pronto su particular fascinación obsesiva las llevó a apropiarse de la personalidad de los músicos para transformarla a su antojo y retratarlos de una forma cada vez más aberrada.
Su obra gráfica empezó a cobrar interés el día en que, sobre la cara de una bella modelo que aparecía impresa en un catálogo de la cadena de supermercados Schlecker, dibujaron la cara de George Harrison convirtiéndolo en una suerte de travesti al que apodaron “la Cipotona” pues, según las artistas, “se limaba el cipote con productos corrosivos del Schlecker y daba consejos de belleza para mujeres que se lo tuvieran que limar”. A partir de ahí y mediante un guión oral fundamentado en el juego entre las dos hermanas, se aventuraron a atribuirle rasgos de personalidad, tales como “era muy coqueta, le gustaba ponerse vestidos y Paul y John siempre la tenían que tocar. Convencía a todo el grupo para ir siempre de excursión al campo, para poder llevar su cestita de pic-nic”.
Otro personaje que sufrirá progresivamente una sorprendente transformación es George Martin, productor de la banda, al que, debido a la poca documentación que tenían sobre él, empiezan a otorgar cualidades inspiradas en la abuela de las niñas, apareciendo en los dibujos con varices en las piernas y comiendo “sopeaos”, para entrar después en un proceso de degradación física y mental y acabar como un monstruo infantilizado con traje de marinerito al que le gusta jugar con globos. Para colmo, este personaje, que bautizarán como “el Cura”, sufre a menudo posesiones demoníacas, que le hacen hablar en sentido inverso.
Pero ningún Beatle queda a salvo de su particular entelequia, y Paul McCartney se transformará en el hipersexuado y vicioso “Pablito Pablote” que, junto a “Pedrito Pedrote” (John Lennon), formará un extraño trío con la ya citada “Cipotona”. Ringo Starr, por su parte, será emparejado con “el Cura” para, el mismo día de la boda, lanzarse a la práctica del nudismo y a una infidelidad heterosexual mal disimulada.
Es curioso que las hermanas Caterina y Laura B, con esta fascinación por lo monstruoso que proyectan sobre sus ídolos (no olvidemos que ellas son unas auténticas fans de The Beatles y en ningún momento dejan de serlo), reflejen una de las formas que ha venido adoptando la cultura popular al salir de la modernidad y entrar en una fase post-heroica y post-identidaria: la horizontalidad en la relación entre el ídolo y el adorador, mediante un mecanismo de exaltación del espectador que es común en toda la trash culture. Las hermanas convirtieron a la banda a la que admiraban en su freak-show particular.

22’5×28 Técnica mixta (lápices de colores y boli) sobre papel de impresora

2. Series
“Globitos”
A partir de unos primeros esbozos en los que cada Beatle jugaba alegremente con un globito con la cara de su pareja, Caterina y Laura B. parecieron caer en la cuenta de que el convexo rostro que mejor encajaba en un globo era sin duda el de Paul McCartney.
Existen cientos de globos con la cara de Paul McCartney, cuyos rasgos principales aprendieron a reproducir mecánicamente, para ir añadiendo con cada uno de ellos una variable transformista. Desde el warholiano “Globito Marilyn” al costumbrismo de “Globito madre de Irene” (la madre de una compañera de su colegio).

Muñecas
Siguiendo su más puro instinto Do It Yourself, las hermanas elaboraron la friolera de 218 muñecas de papel recortadas, en algunos casos como el de los cuatro Beatles, con diferentes ropas correspondientes a su evolución estilística. Pero quizá lo más sorprendente es la rigurosidad con que registraban su juego: existen sendas fichas con los datos personales de cada muñeca (cada una numerada) y listas de rankings que documentan juegos como la del concurso de belleza “Biutifol Beibe” (en la que Yoko Ono quedó en 218ª posición).

Muñecos Ringo y George

Fanzines
Caterina y Laura B. autoeditaron durante años centenares de revistas-fanzines como “Foti Pelos”, “Falo” y “Periodo” siempre con una tirada de un ejemplar original, siendo el padre de las hermanas el forzado y único lector. Como no podía ser de otra manera, su BeatleManía se reflejará en esas revistas adoptando múltiples formas y secciones: un consultorio de belleza llevado por “La Cipotona” George Harrison, recetas de cocina para abuelas, por cortesía de George Martin “El Cura”, anuncios de la “Gran Feria del globito de coleccionista”, crónicas de conciertos de “Los Bottis” y “Demándame y te exploto los cojones” (ambos seudónimos de The Beatles).

Transcripciones de sueños
Tal era la obsesión por The Beatles de las dos hermanas, que estos hacían cameos nocturnos en la práctica totalidad de sus sueños. Siguiendo su rigurosidad habitual, las niñas trascribieron al papel cada mañana cada uno de esos episodios oníricos que bien podría haber dirigido Richard Lester en colaboración con el más alucinado David Lynch.

Casetes
Otro de los pasatiempos favoritos de estas hermanas fue la grabación casera de relatos dramatizados con precarios efectos de audio y con la música de los de Liverpool como banda sonora. Desde fábulas como “Don Capuchón Bermejo” protagonizada por Paul McCartney, a versiones propias interpretadas por ellas mismas (“Cómo destrozar Yesterday”) que harían las delicias de los amantes del lo-fi más abisal, hasta la paciente grabación de cualquier rareza relacionada con la banda que apareciera en el programa de Jordi Tardà.

Don Capuchón Bermejo

El Castañón Torrijo

Matusalén Gorrino

Cómo destrozar Yesterday

The Beatles Christmas records: Compilación doméstica y en cassette de los discos que los Beatles enviaban a sus fans por navidad y emitidos en el programa de Jordi Tardà de Catalunya Radio.

Texto de Oliver García Mancebo